July 23, 2014

La trata invisible

Invisible human trafficking

Portada

Texto: Lydiette Carrión
Fotos: Pepe Jiménez

Casi todas las mujeres que migran sufren una agresión sexual y estas agresiones sistemáticas cumplen una función: las expone, las quiebra para que sean una presa más fácil de tratantes y explotadores sexuales. Y en la mayoría de los casos, los casos de trata y explotación quedarán invisibilizados, ya que debido a la principal característica de la migración –la movilidad– pocas veces se alcanza a configurar el delito legalmente.

“Adela, si pagamos hotel tienes que sacarte algo con nosotros.”

Ese fue el primer hostigamiento sexual que sufrió, y vino de sus propios compañeros de ruta, cuatro hombres con quienes salió desde algún pueblo de El Salvador. Estaban  en Guatemala y era la víspera de cruzar la frontera hacia México. Era febrero.

Ella relata la historia en el albergue de Apizaco, Tlaxcala. En estos días de julio del 2014 es la única mujer que aquí está. Cada vez son menos las que utilizan la ruta del tren, pues se ha vuelto tan agresiva que la gran mayoría de las migrantes opta por viajar en autobús directo al centro del país; algunas más aventuradas lo intentan hasta la frontera con Estados Unidos.

Adela relata la historia con vocecita infantil.  Tan sólo comienza a hablar, sus ojos grandes y aindiados miran sus manos que permanecen juntas sobre las piernas. Su actitud es muy distinta a la que hace unos minutos tenía mientras preparaba comida en el albergue; entonces se paraba y caminaba erguida y felina, frondosa, como la mujer alta y llamativa que es. Ahora, con voz quedita, da a conocer la respuesta que dio en ese entonces a los compañeros de viaje que le pedían sexo a cambio de cooperarse para el hotel. Esa noche en Guatemala ella dijo: “No”.

 –Pues entonces no pagamos hotel. Ahí que sufra–, alguien reviró.

JMJR4139
Los abusos y el acoso hicieron del viaje de Adela una pesadilla.

Se aprestaron dormir en la calle. Cuando avanzaba la noche, a eso de las 10, unos individuos vestidos de policías los detuvieron y asaltaron. A ella la desnudaron por completo “para ver que no trajera dinero”. Les quitaron lo poco llevaban. Despojados, durmieron en una casa entre bloques y material.

Al día siguiente cruzaron el río Suchiate sobre una balsa. Y de ahí, caminaron hasta Arriaga. Desde entonces tomarían  “la pura Bestia”.

Adela ya había sufrido los dos primeros hostigamientos: uno por compañeros, otro por policías. Y era apenas el principio.

Mujer que viaja sola es transgresora

En el caso de las mujeres migrantes la trata de personas con fines de explotación sexual se vuelve muy difícil de identificar por varias razones. Sólo por enumerar algunas: la propia ley y definición de trata de personas, que excluye diversos casos; la movilidad intrínseca de ser migrante; la imposibilidad de recabar datos confiables y cuantificables; la extrema vulnerabilidad, pues son orilladas en muchos casos a practicar la prostitución como medio de supervivencia, pero aparentemente por “elección propia”.

Hay pocos datos duros. Algunos, generales. Según la Organización Internacional para las Migraciones, OIM, tan sólo en 2010, la región de América Latina y el Caribe produjo 57.5 millones de migrantes. En 2012, se estableció que el  50.1 por ciento del total en la región son mujeres.  ¿Cuántas son víctimas de trata? No hay datos certeros. Tanto en la prensa como las organizaciones sociales señalan un corredor de explotación laboral en la frontera sur, explotación que se da sobre todo en las áreas de  trabajo doméstico, y el agrícola, estas últimas menos documentadas que la explotación sexual, de acuerdo con Nashieli Ramírez, coordinadora general de la organización civil Ririki Intervención Social.

Tlaxcala_04
2 menores se toman un respiro en el albergue de la Iglesia de Cristo Rey luego de 3 semanas de recorrido desde Honduras.

La forma de explotación más documentada ha sido la sexual, en bares y hoteles de la frontera chiapaneca. Y por supuesto, las formas más violentas: el secuestro de mujeres migrantes por el crimen organizado.

Pero hay otro tipo de trata, más sutil, pero no menos devastadora.

Óscar Montiel, del Centro Integral Tejiendo Saberes (Cenit), quien estudia la trata en Tlaxcala -donde el crimen se ha vuelto endémico y producto de exportación, por causales culturales, sociales y económicas- explica que sólo ser migrante indocumentada “ahorra” pasos en los procesos de enganchamiento para trata.

El modus operandi del sistema proxeneta, lo explica Óscar Montiel: un tratante recluta y para ello se vale de ritos que rompen los lazos de las mujeres con su comunidad. La oportunidad se da cuando las jóvenes están en edad de casarse.  El tratante enamora a su potencial víctima y efectúa un rito en el que ella pasa de ser mujer, a ser “mujer de”.

“La mujer deja de pertenecer a su padre, a su comunidad y pertenece al esposo. Y  su esposo puede hacer lo que quiera con ella, en aras del ‘bien común’(…) mas los esposos lo que buscan es explotarlas sexualmente”.

En el caso de las mujeres migrantes, no es necesario hacer todo esto para que  dejen de pertenecer a su familia y comunidad.  “No llegó nadie a enamorarlas, hay condiciones estructurales –es decir falta de oportunidades, pobreza, falta de educación…– y no tienen ese respaldo comunitario y familiar”.

La mayoría de los albergues proporcionan hospedaje y comida por 48 horas. Nadie las acoge. Están en desarraigo y sin respaldo. “Si ellas llaman a sus casas, porque se les acabó el dinero y la respuesta es negativa, tienen la ‘opción’, la ‘puerta fácil’, así entre comillas, porque no es nada fácil”.

Y todo está alrededor: bares, hoteles, padrotes, madrotas.

Tlaxcala_02
A lo largo de la ruta ferroviaria florecen “oportunamente” los hoteles en Apizaco.

Además, en su mayoría, las mujeres ya fueron agredidas. Y aquí viene el otro aspecto fundamental para entender el engranaje de trata y migración: la llamada “pérdida de la inocencia”. Y esta pérdida inicia con una crisis de masculinidad:

Una mujer que migra quiere acceder a medios económicos, y es por definición transgresora de un orden establecido. Por ello hay una permisividad para que sea agredida sexualmente: los agentes del instituto migratorio, el crimen organizado, los polleros, e incluso en ocasiones por sus propios compañeros de ruta.

“La violación tiene implicaciones, sociales, corporales y afectivas en la mujer que no se pueden quitar. Está vinculado a la mancha, a la mancha social, a la mancha interna, que la lleva a pensar que no vale nada… y entonces, si se va a prostituir, ya no es tan difícil”, dice Óscar.

Según la ley, la trata implica captación, traslado y explotación. Óscar explica que en el caso de las migrantes, las variables no se cumplen al pie de la letra, por ello las leyes excluyen e invisibilizan la gran mayoría de casos de trata de migrantes: donde la violencia sexual estructural y el abandono las orillan a “acceder” a la explotación sexual.

Arriaga. Sexo por supervivencia

En este pasaje, la voz infantil de Adela cambia por una voz indignada. “En Arriaga (Chiapas) ya no quise seguir con mis compañeros porque me andaban dejando perdida”.

Cuando volvieron al camino, los cuatro hombres se adelantaron para dejarla. Quizá la querían abandonar porque viajar con una mujer incrementa el peligro del grupo. Adela los miraba muy lejos y ella corría para alcanzarlos, “corría yo, y como no aguantaba un dolor de canillas…”. Les gritaba, y ellos corrían aún más.

Adela quedó sola. Llamó en varias ocasiones a casa. Quería regresar, pero sus familiares le reviraban: “acá está muy peligroso para ti”. Sólo le quedaba avanzar. Conoció un coyote, le pagó y emprendió el camino con otros migrantes sobre el tren. Pero no sólo pagó sólo con dinero. “Él quería venir abusando de mí. Me decía que si no tenía nada con él me iba a matar. Me iba a aventar de La Bestia”.

Sobre La Bestia recorrieron la ruta que pasa por Ixtepec, Matías Romero, Medias Aguas. Durante todo el trayecto, debió acceder a ser abusada. Finamente llegaron a Tierra Blanca, Veracruz.

Es en esta ciudad veracruzana donde buena parte de las migrantes regresan a sus países, o bajan del tren, pues para entonces han sufrido o presenciado asaltos, secuestros, violaciones y asesinatos por parte del crimen organizado. Y saben que mientras más arriba viajen se pondrá peor.  Así consta en los testimonios que la organización civil Un Mundo una Nación ha recogido. Quizá Adela de nuevo pensó en entregarse a migración. Había dejado a dos hijos atrás. Pero quizá de nuevo sus familiares le encomiaron que no regresara.

Para cuando llegó en Tierra Blanca, Adela rezaba a Dios por que alejara al pollero de ella.

“Tenía ganas de seguir. Traía grandes ansias por sacar a mis hijos adelante, pero en ver la vida que traía, me puse a llorar, y le dije: ‘señor, yo no quiero estar sufriendo de esta manera, así como me pegué a esta persona quiero que me la retires’.”

Fue el pollero quien se quitó del camino solo. En Tierra Blanca abordaron el tren todos: el pollero, los migrantes. Sólo Adela quedaba en tierra. Corrió con todas sus fuerzas hasta subirse a un vagón. Cuando todos estaban arriba, el pollero se bajó del tren, con el dinero de todos.

 Apizaco

Apizaco está en el Altiplano Central de México. Se fundó a mitad del siglo XIX por el paso del ferrocarril. Hoy tiene poco más de 70 mil pobladores, hay tiendas, y servicios, pero  de alguna forma la economía sigue girando en torno al ferrocarril. A lo largo de las vías, es posible ver graneros o silos; fábricas, cuyos patios cuentan con un acceso a las vías del tren para empacar sus productos en los vagones.

Tlaxcala01
Apizaco Tlaxcala, capital de la trata de personas en México.

Por esta época, a mediados del año, el cielo es espectacular, despejado y brillante. Pasa un tren. En esta ocasión, sólo dos migrantes, con carrera cansada, y un garrafón de agua a cuestas lo corretean para montarlo. Por más lento que vaya no es cualquier cosa hacerlo. Las vías del tren serpentean por colonias suburbanas, fábricas, graneros, moteles. El ojo del fotógrafo que me acompaña identifica una posible zona de descanso para los migrantes. Hay un par de árboles para guarecerse del sol. Enfrente, se lee un letrero: “Hotel San Francisco. Un nuevo concepto. Disfruta algo diferente”. Pero el hotel no está a la vista.

Bajo los árboles, una vaca rumia. Entre los matorrales hay zapatos destrozados… ¿se les cayeron al correr tras el tren?, ¿sufrieron asaltos y los dejaron descalzos? También hay ropa de hombre destruida, descosida. Parece arrancada. Tenis rosas con verde. Como de niño, ¿de niña? Un brassiere está colgado de un matorral, expuesto como trofeo de redondas copas. Es la única prenda que no está oculta. Cantan los pájaros. A lo largo de los durmientes, crecen flores blancas de pétalos delicados y casi transparentes.

En el albergue de la Iglesia Cristo Rey, trabaja Martín Morales, un joven veinteañero delgado y de aire tranquilo, que se sumó en el 2011.

Hasta mediados de 2012, relata, “antes de que la violencia en el sur, específicamente en Veracruz, empezara a ser más fuerte, el tránsito de mujeres y de migrantes en general por Apizaco era mayor”. En promedio, pasaban unas 50 personas diarias, una minoría eran mujeres. Apizaco era el primer lugar relativamente seguro después de cruzar por Veracruz, un territorio azolado por el crimen organizado.

Durante 2011, el tránsito de personas atrajo al crimen organizado a la ciudad. A mediados de ese año, se acercaron dos mujeres al albergue, se presentaron como una suerte de polleros. Una de ellas aseguró que el crimen organizado tenía a su hija pequeña y que si ella no entregaba cierta “cuota” de mujeres a la red, su hija pequeña sufriría las consecuencias. En el albergue le dijeron que no podían participar en algo así. Entonces el ruego se convirtió en amenaza de muerte contra los trabajadores del albergue.

Se presentaron atracos, secuestros. Algunas anécdotas sin confirmar hablan no sólo de mareros o zetas, sino de la Familia Michoacana. A mediados de 2012, el crimen organizado en Veracruz se había tornado tan violento, que la ruta se volvió prácticamente intransitable: entre las cuotas de 100 dólares por tramo de viaje, los asaltos, los secuestros, los migrantes comenzaron a buscar otras formas de llegar al centro, norte del país.  Ahora, al albergue llegan aproximadamente 25 personas al día, y sólo una o dos mujeres a la semana.

Tlaxcala_03
Martín Morales recibe diariamente a los migrantes en el albergue de Cristo Rey en Apizaco Tlaxcala.

Según sus propias indagatorias, no se trata de que las mujeres ya no suban a la bestia, sino que al llegar a Tierra Blanca, la mayoría quiere regresar, se entrega a migración o busca otras rutas.

Lo anterior coincide con los datos recabados por Ririki, en el caso de explotación de menores.

Nashieli Ramírez explica que desde marzo pasado, se percataron del cambio de rutas por parte de niños, niñas y adolescentes que viajan solos.  Se presume que muchos menores de edad se han quedado en México, en alguna parte del camino, pero no se sabe dónde.

“La diversificación de rutas los puso en mayor riesgo. Porque pierdes las redes y pierdes los momentos en que te debes de proteger. Los migrantes ya sabían donde los iban a extorsionar, en qué puntos hay que cuidarse. Y con todo y que La Bestia es un espacio de alta vulnerabilidad, es un espacio que formaba parte de un apoyo, de tejido. A medida en que se diversificaron las rutas por adolescentes no acompañados, lo que pensamos es que dentro de poco vamos a tener muchos casos de gente desaparecida en Sinaloa, en Durango, porque diversificaron las rutas en todo el norte”.

Una de esas pocas, poquísimas mujeres que continuaron por tren es Adela, quien llegó al albergue a mediados de febrero.

Ahí conoció a un paisano suyo que ya es avecindado de Apizaco y acude al albergue a ayudar. Adela se desahogó con él. Y recuerda que éste le dijo: “No sé cómo lo tomes. A pesar de que no te conozco, sos de mi país. Quédate y ya el tiempo va a decir si eres mi pareja. Ella le reviró que aquí en México parece sola, pero tiene familia. Cautelosa, antes de darle una respuesta le dijo que llamaría a su casa, en El Salvador, para tomar la mejor decisión.

La vulnerabilidad empieza desde casa

Marisol Pérez Díaz, también del Cenit, considera que para las personas en tránsito hay tres dimensiones que las hacen vulnerables a la trata: ‘el lugar de origen, el tránsito, y el lugar de acogida o llegada.

“El lugar de origen les provee una serie de condiciones que se pueden volver vulnerabilidades. Cada migrante, y cada mujer, cargan con su historia de vida, su carga emocional”.

Pero también con estigmas y mitos. En algunos casos, explica, la nacionalidad las condiciona:  las  mujeres salvadoreñas son vinculadas a la explotación sexual por las condiciones físicas que tienen; las mujeres guatemaltecas, por sus características indígenas, sufren explotación para el trabajo doméstico.

En un segundo momento, las vulnerabilidades las da el lugar de tránsito y por último el lugar de acogida o de llegada. México, además de tránsito, es lugar de acogida.

Otro elemento de vulnerabilidad que vale la pena mencionar es la violencia estructural que encarna el hecho de saber que serán violadas.

Ixchel Iglesias González Báez, antropóloga y miembro del Cenit, enumera dos vulnerabilidades más: las migrantes, después de lo que han padecido, quieren ocultarlo en sus hogares. Se cambian el nombre o nacionalidad; se bajan la edad para seguir siendo “deseables” o se la suben para protegerse o para ser explotadas.

Finalmente, las mujeres migrantes, antes de salir de casa saben que serán violadas. “Es violencia estructural que ya lo sepas, o que vas a tener que acostarte con alguien y que tomes muchas pastillas desde antes de salir de casa”.

La decisión

A finales de febrero, Adela llamó por teléfono a su casa, en El Salvador.

Quizá, antes de hablar, Adela recordó las condiciones en las que se fue. Tiene 22 años de edad, dos hijos: uno de 4 y otra de seis. Se fue porque pandilleros de su barrio la acusaron de juntarse con la pandilla rival. En una ocasión, relata, quisieron meterse a su casa. Al final la propia familia le pidió que dejara el país, que buscara fortuna para ella y sus hijos.

Pensó en sus niños. En la más grandecita. Menciona, casi sin darse cuenta de lo íntimo de su revelación, que pasó 4 años tratando de embarazarse la primera vez.

Marcó los números telefónicos. Y habló con una tía. Le contó todo lo que había pasado y la propuesta de su paisano.

–Tú te consientes–, le contestó aquélla. –Te has ido para superar.

–Tengo que sufrir, que uno desee, qué bien. Pero que lo vayan obligando a uno hasta punto de matarlo.

–Pues tu ve lo mejor.

“Y así fue como me quedé”. Adela lleva cinco meses viviendo con su paisano. En seis meses continuará su viaje a Estados Unidos. Quiere sacar adelante a sus hijos y sabe que en México eso no le será posible. Como tampoco lo fue en su país.

*El nombre fue cambiado.


Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la siguiente frase: “Este trabajo forma parte del proyecto En el Camino, realizado por la Red de Periodistas de a Pie con el apoyo de Open Society Foundations. Conoce más del proyecto aquí: enelcamino.periodistasdeapie.org.mx”

Almost all the women that immigrate suffer sexual aggressions and these systematic aggressions accomplish a purpose: These aggressions expose them ,they break them, so they become an easier target to human traffickers and sexual exploiters. Most of the times, trafficking and exploitation cases will go unnoticed, due to the main characteristic of immigration –mobility-, crimes are rarely reported

“Adela if we pay for the hotel you better take care of us.”

That was the first sexual harassment incident she suffered and it was from one of her route partners, four men who departed from some town in El Salvador along with her. They were in Guatemala about to cross to Mexico. It was February.

She tells her story in Apizaco´s shelter, in Tlaxcala. Nowadays, July 2014, she is the only woman in there. Every time fewer and fewer women use the train´s route. It has become so dangerous that most immigrant women choose to travel on a bus directly to the center of the country, the more adventurous ones stay on the bus all the way to the U.S. border.

Adela tells her story in a childish voice. As soon as she starts talking her eyes, big and indigenous, look at her hands on top of her knees. Her attitude is different from the one she had a few minutes ago when she was cooking at the shelter, then she stood and walked proud, voluptuous, like the tall and attractive woman she is. Now, with a quiet voice, she repeats the answer she gave to her journey partners when they asked for sex in return for pitching in to pay for a hotel room. That night in Guatemala she said “No”.

-Then we will not pay for a hotel. Let her suffer-, someone said.

JMJR4139
Abuses and harassment turned Adela´s journey into a nightmare.

They spent the night on the street. Later that night, around 10p.m. some people dressed as policemen robbed them. They stripped her down completely “to check if she had any money”. They took away the little money they had with them. They slept in a house among bricks and construction materials, deprived.

The next day they crossed Suchiate River on a boat. From there, they walked to Arriaga.In there they would go “only on La Bestia”.

Adela had already suffered two harassment incidents: one by her partners and one by policemen. That was just the beginning.

A woman traveling by herself is breaking the law

Human trafficking with sexual exploitation purposes is very difficult to identify when it comes to immigrant women due to a number of reasons. Just to name a few: the law itself and the definition of human trafficking that excludes several cases, the natural mobility of being an immigrant and the impossibility of gathering reliable and quantifiable data, They are in a situation of extreme vulnerability since they are pushed, in many cases, to practice prostitution as a mean to survive though apparently “It is their choice”.

There is very little reliable data. Maybe, if any, some general data. According to OIM (International Migration Organization), only in 2010 Latin America and the Caribbean produced 57.5 million immigrants. In 2012, it was confirmed that 50.1% of that number were women. How many of them become human trafficking victims? There are no reliable numbers. Both, the press and social organizations, point out that there is a labor exploitation network at the southern border, exploitation that most of the times takes place in the housekeeping and the farming business. These two are far less documented than sexual slavery, according to Ririki Intervencion Social´s general coordinator, Nashieli Ramirez.

Tlaxcala_04
Two minors take a break at the Cristo Rey´s shelter after a three day journey from Honduras.

The most documented way of exploitation is sexual slavery that takes place in bars and hotels of the Chiapas´ border. Of course its most violent form: the kidnapping of immigrant women by the organized crime.

However there is another kind of human trafficking, more subtle but just as devastating.

Oscar Montiel, from Centro Integral Tejiendo Saberes (Cenit), studies human trafficking in Tlaxcala –where crime has become endemic and an exportation commodity due to cultural, social and economic reasons- explains that the mere fact of being an illegal immigrant makes women “skip” parts of the hooking up process.

The M.O. of the pimp system is explained by Oscar Montiel: a trafficker recruits, and to do so he uses techniques to unbound women from their communities. The opportunity comes when girls are old enough to get married. The trafficker makes his victim fall in love with him and perfroms a “ritual” where she stops being a woman and starts being “somebody´s woman”.

“That woman stops belonging to her parents or to her community, now she belongs to her husband. Her husband can use her as he pleases, since he is “looking out for both of them” (…) however what her husband is really looking for is exploiting her sexually”.

When it comes to immigrant women, that process is not necessary in order for them to stop being part of their family and their community. “Nobody made them fall in love, there are proper conditions –lack of opportunities, poverty and lack of education…- and they also lack a community or a family to look after them”.

Most of the shelters offer 48 hours food and stay. There is nobody to take them in. They are lost and helpless. “If they call home because they ran out of money and the answer is “no”, they have one “choice”, the “easy way out”, though that way it is never easy”.

There it is, all around them: bars, hotels, pimps, madams.

Tlaxcala_02
In Apizaco all along the train tracks hotels “conveniently” thrive.

In addition to this, most of them, have already suffered aggressions. That is one fundamental aspect to understand how the immigration and human trafficking system works, the so called: “loss of innocence”. This loss starts with a masculinity crisis:

A woman that emigrates is trying to reach out for economic means, and she is, by definition, breaking the established order. That generates tolerance to the fact that she may be sexually harassed by the Immigration Institute agents, the organized crime and sometimes even by her route mates.

“Raping has social, physical and affective implications on women that cannot go away. It is tied to the stain, the social stain, the internal stain, that makes her think she is worthless… and then, she will become a prostitute, it is not so hard then” says Oscar.

According to the law, human trafficking implies: capturing, relocating and exploiting. Oscar explains that in the case of immigrants, those variable are not met. That is the reason the authorities exclude and disregard most of the human trafficking cases involving immigrants: where that sexual violence process and the abandon push them to “agree” to being sexually exploited.

Arriaga. Survival sex

As she speaks about the following, Adela´s childish voice switches to a voice full of outrage. “At Arriaga (Chiapas) I didn’t want to be around my partners anymore because they almost left me behind, they were trying to lose me”.

Once they were back on the road, the four men started getting ahead on the road trying to lose her. Maybe they wanted to leave her behind because traveling with a woman increments the risk for the whole group. Adela was looking at them farther and farther as she ran behind them, “I ran, but I couldn’t take it, my legs hurt”. She yelled at them and they ran even faster.

Adela was left by herself. She called home many times. She wanted to go back but her relatives said “It is too dangerous for you to be here”. The only road was ahead. She met a “coyote”. She paid him and started the journey with other immigrants on the train. However, she didn’t only pay with money. “He wanted to rape me. He told me that if I didn’t had sex with him he would throw me under La Bestia”.

They traveled on La Bestia through the Ixtepec route, Matias Romero, Medias Aguas. All along the journey she had to agree to being abused. Finally, they arrived to Tierra Blanca, Veracruz.

At this city in Veracruz many immigrant women either go back to their countries or they get off the train, by this point they have witnessed of suffered robberies, kidnapings, rapings or murders by the organized crime. They know that the closer to the north they get the worse it will be. That is reflected on the testimonies that Un Mundo Una Nacion has gathered. Maybe Adela thought about turning herself in to Immigration. She had left two kids behind. Maybe her relatives urged her not to come back.

By the time she arrived in Tierra Blanca, Adela prayed to God to get the “pollero” away from her.

“I wanted to go on. I was eager to support my children but, when I looked at what my life had become I started to cry and I said: “Lord, I don’t want to suffer like this anymore, just as I approached this person I want you to take him away from me”.”

It was the “pollero” himself who went away on his own. At Tierra Blanca everybody got on the train: the “pollero”, the other immigrants. Adela was the only one on land. She ran as fast as she could until she got on the train car. Once everybody was on the train, the “pollero” got off the train, with everybody’s money.

Apizaco

Apizaco is in Mexico´s central tableland. It was founded in the middle of the 19th century because of the train. Today there are little over 70 thousand residents, there are stores and services but somehow, this town´s economy still revolves around the train. Along the tracks there are barns and grain storage buildings, factories have yards with access to the tracks so they can load their products on the train cars.

Tlaxcala01
Apizaco, Tlaxcala Mexico´s human trafficking capital.

In the middle of the year, around this time, the sky is amazing, clear and bright. A train passes by. This time there are only two immigrants, they run exhaustingly with a gallon of water on their side to catch the train. It doesn’t matter how slow it is going, getting on it is never an easy task. The train tracks go through the suburbs, factories, barns and motels. The eyes of the photographer traveling with me spot a zone where immigrants are likely to take a break. There are a couple of trees to hide from the sun. In front of them there is a billboard that reads “Hotel San Francisco. A new concept. Enjoy something new” but the hotel is not on sight.

Under the trees a cow chews cud. Among the bushes there are torn apart shoes… Were they lost while they were running behind the train? Were they robbed and deprived from their shoes? There are also men´s clothes, destroyed. They seem to have been torn apart. Pink and green tennis shoes, they look boyish, maybe girlish? A brassiere is hanging from a bush, exposed as a rounded cups trophy. It is the only thing that is not hidden. The birds sing. Along the railroad ties white flowers with delicate almost transparent petals blossom.

Martin Morales works in the Cristo Rey Church´s shelter, he is a slim and quiet man in his twenty´s he enrolled in 2011.

Up until 2012, according to him “Before the violence in the south was as bad as it is now, the flow of women and immigrants in general traveling through Apizaco was higher”. There was an average of 50 people on a daily basis, a few of them were women. Apizaco was the first relatively safe place after Veracruz, a territory devastated by the organized crime.

During 2011 the transit of people attracted the organized crime to the city. Halfway through the year two women approached the shelter. One of them assured that the organized crime had her daughter and, that if she failed to pay certain “fee” her little girl would suffer the consequences. The shelter´s personnel told her that they could not be part of such a thing. Then the plea turned into a death threat against the personnel.

There were robberies and kidnappings. Some unconfirmed anecdotes talk about not only Maras and Zetas, but also the Familia Michoacana. In the middle of 2012, the organized crime had become so violent in Veracruz that this route became insurmountable: the $100 UDS fees, the robberies and the kidnappings forced immigrants to look for other routes to get to the central and northern part of the country. Nowadays the shelter receives approximately 25 people every day, only one or two women every week.

Tlaxcala_03
Martin Morales receives immigrants at Apizaco´s Cristo Rey shelter every day.

According to their own investigation, it is not because women are not getting on “La Bestia” anymore. This is happening because by the time they arrive to Tierra Blanca, most of them want to go back, they turn themselves in to Immigration or look for a different route.

That coincides with the data gathered by Ririki, regarding the child labor case.

Nashieli Ramirez explains that starting last March, they noticed the changing of routes regarding boys, girls and teenagers traveling by themselves. It is assumed that many underage have stayed in Mexico, somewhere along the road, but nobody knows where.

“The diversification of the routes puts them in harm´s way. They lose contact with the networks and they are not aware of the moments they need to be careful. Immigrants knew where they were going to be extorted and where they should be careful. And, even though “La Bestia” is a high vulnerability place, it is a part of a support network. As unaccompanied teenagers diversify routes, we suspect that it won’t be long until we start having missing people cases in Sinaloa, Durango, because routes have changed all over the north”.

One of the few women that continued on the train was Adela, who arrived in the shelter halfway through February.

In there she met a man from her country who settled at Apizaco and goes to the shelter to lend a hand. Adela opened up with him. She remembers him telling her: “Don’t take it the wrong way. Even though I don’t know you, you are from my country. Stay and time will tell if we become a couple”. She answered that she seemed to be by herself in Mexico but she did have a family. Cautious, before giving him an answer she told him she had to call home, in El Salvador, before she made up her mind.

Vulnerability starts at home

Marisol Pérez Diaz, also a CENIT worker, considers that there are three factors that make immigrants vulnerable to human trafficking: their origin, the fact that they are mobile and the place they are traveling to.

“Their origins provide a series of conditions that can become vulnerability factors. Every immigrant, every woman, carries her own story and her emotional burden”.

They also carry with them stigmas and myths. In some cases, she explains, their nationality labels them: Salvadoran women are tied to sexual slavery due to their physical features, Guatemalan women, based on her indigenous features are exploited in the house keeping business.

Later, vulnerabilities are provided by the place they are traveling through and the place they are trying to arrive to. Mexico, besides being the place they are traveling through is, sometimes, their final destination.

Another element that makes them vulnerable, and that is worth being mentioned, is the structural violence nested on the fact ok knowing they are going to be raped.

Ixchel Iglesias Gonzales Baez is an anthropologist and a CENIT member, she points out two more vulnerable factors: Immigrant women, after all they have gone through, try to hide it from their relatives back home. They change their names or nationalities, they lie about their age in order to remain “desirable”, to protect themselves or to be able to be exploited.

Finally, immigrant women know, even before leaving their houses that they will be raped. “Just the fact that you know it is violent, or to know that you will have to have sex with someone so you have to take pills before departing your homeland”.

The Decision

Near the end of February Adela called home, in El Salvador.

Perhaps, before she even called, Adela remembered the conditions she was in when she left. She is 22 years old, she has two kids, 4 and 6 years old. She left because gangsters from her neighbor accused her of hanging out with a rival gang. Once, they tried to break into her house. In the end, her own family asked her to leave the country, to go and try her luck for her own and her children´s sake.

She thought about her kids. Especially about the older one. She tells the story, almost without noticing how intimate her confession is, she tried to get pregnant for four years her first time.

She dialed and spoke to an aunt of her. She told her aunt about everything she had gone through and about the proposal she had received from her countryman.

-Go along with it-, her aunt answered. –You left to get a better life.

-It´s hard for me, if I wanted it, it would be ok. But they force me to do it and it’s killing me.

-You choose.

“That’s how I decided to stay”. Adela has been living with her countryman for 5 months. In 6 months she will resume her journey to the U.S. She wants to get a better life for her kids and she knows that is not possible in Mexico. Just as it wasn’t in her country.

*The name has been changed


 Reproduction is authorized as long as both the author and the text are clearly quoted as part of the project En el Camino, produced by red de Periodistas de a Pie with the support of Open Society Foundations.



Lydiette

Lydiette Carrión

Periodista independiente. Actualmente es columnista en El Gráfico de El Universal, y tiene a su cargo una sección semanal con historias sobre violencia contra las mujeres. Ha colaborado en diversos periódicos y revistas nacionales e internacionales
Egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Participó en los libros colectivos 72 migrantes y Memorial de Chiapas: pedacitos de historia.


JMJR-300x300

Pepe Jiménez

Fotógrafo y periodista independiente por vocación. Para mi no hay mayor privilegio y responsabilidad que la de contar las historias de aquellos que se encuentran en situación de riesgo y vulnerabilidad. Pepe ha trabajado en los Territorios Ocupados de Palestina, Haití, Africa del sur y México con distintos medios, agencias de noticias y organizaciones como la ONU y la Federación Internacional de la Cruz Roja. Actualmente es miembro de la Red de Periodistas de a Pie.